La Iglesia primitiva nunca veneró íconos
5 de febrero de 2019
Si una persona ortodoxa oriental pudiera viajar en el tiempo a los días de la Iglesia preniceana, ¿qué diría? Se sorprendería. Exclamaría: “¡dónde están todas las imágenes de los santos!”
Venerar imágenes de personas es la práctica ortodoxa oriental de adorar (pero no rendir culto de adoración absoluta) y orar por medio de imágenes pintadas (no estatuas) de Jesús, los santos, o a veces de Dios Padre. Una razón por la que hacen esto es porque se les ha enseñado que los cristianos hicieron esto desde el principio. Eso es falso.
La mentira
Los siguientes dos párrafos provienen de http://antiochian.org/holy-icons-0, 21 de agosto de 2017.
“No obstante, sabemos que los íconos se han usado para la oración desde los primeros siglos del cristianismo. La Tradición de la Iglesia nos habla, por ejemplo, de la existencia de un ícono del Salvador durante su vida (el Ícono No Hecho por Manos) y de íconos de la Santísima Theotokos inmediatamente después de Él. La Tradición atestigua que la Iglesia Ortodoxa tuvo una clara comprensión de la importancia de los íconos desde el principio; y esta comprensión nunca cambió, pues se deriva de las enseñanzas relativas a la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El uso de los íconos se fundamenta en la esencia misma del cristianismo, ya que el cristianismo es la revelación por parte del Dios-Hombre no solo de la Palabra de Dios, sino también de la Imagen de Dios; pues, como nos dice san Juan el Evangelista, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). …
Al venerar los íconos, entonces, los ortodoxos defienden el fundamento de la fe cristiana, la Encarnación de Dios y, en consecuencia, la salvación y el sentido mismo de la existencia de la Iglesia en la tierra, ya que la creación de los Santos Íconos se remonta a los orígenes mismos del cristianismo y es parte inalienable de la verdad revelada por Dios, fundada como está en la persona del Dios-Hombre Jesucristo mismo. Las Imágenes Sagradas son parte de la naturaleza del cristianismo, y sin el ícono el cristianismo dejaría de ser cristianismo. El Santo Evangelio nos convoca a vivir en Cristo, pero es el ícono el que nos muestra esta vida.”
Lo siguiente es muy similar, tomado de https://www.stseraphim.org/holyicons.html (21/08/2017) y también de http://www.stots.edu/article.php?id=32 (05/02/2019).
“Una de las primeras cosas que sorprende a un visitante no ortodoxo de una iglesia ortodoxa es el lugar prominente que se asigna a los Santos Íconos. El Iconostasio (pantalla de íconos) que separa el Altar del resto de la iglesia está cubierto de ellos, mientras que otros se colocan en lugares destacados por todo el templo. A veces incluso las paredes y el techo están cubiertos de ellos en forma de fresco o mosaico. Los fieles ortodoxos se postran ante ellos, los besan y encienden velas ante ellos. Son incensados por el sacerdote y llevados en procesiones. Considerando la evidente importancia de los Santos Íconos, entonces, ciertamente pueden surgir preguntas al respecto: ¿Qué significan estos gestos y acciones? ¿Cuál es el significado de estos íconos? ¿Acaso no son ídolos o algo semejante, prohibidos por el Antiguo Testamento?
…
No obstante, sabemos que los íconos se han usado para la oración desde los primeros siglos del cristianismo. La Tradición de la Iglesia nos habla, por ejemplo, de la existencia de un ícono del Salvador durante su vida (el Ícono No Hecho por Manos) y de íconos de la Santísima Theotokos inmediatamente después de Él. La Tradición atestigua que la Iglesia Ortodoxa tuvo una clara comprensión de la importancia de los íconos desde el principio; y esta comprensión nunca cambió, pues se deriva de las enseñanzas relativas a la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El uso de los íconos se fundamenta en la esencia misma del cristianismo, ya que el cristianismo es la revelación por parte del Dios-Hombre no solo de la Palabra de Dios, sino también de la Imagen de Dios; pues, como nos dice san Juan el Evangelista, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14).”
Lo anterior son mentiras. Ningún escritor preniceano, ni Atanasio, veneró imágenes de personas llamadas íconos.
Lo que enseñaron los primeros cristianos
Epístola de Bernabé, cap. 14, p.146 (100-150 d.C.) (implícito): “Y Moisés comprendió que ellos [los israelitas] habían hecho de nuevo imágenes fundidas; y arrojó de sus manos las tablas, y las tablas del testimonio del Señor fueron quebradas.” (No dice que pecaron por adorar un becerro, aunque así fue. El punto principal para Bernabé fue la imagen.)
Atenágoras (177 d.C.), en Súplica en favor de los cristianos, cap. 15, p.135 (implícito): “A causa de la multitud, que no puede distinguir entre la materia y Dios, ni ver cuán grande es el intervalo que hay entre ambos, ora a ídolos hechos de materia; ¿acaso por eso nosotros, que sí distinguimos y separamos lo increado de lo creado, lo que es de lo que no es, lo que se aprehende por el entendimiento de lo que se percibe por los sentidos, y que damos el nombre adecuado a cada uno de ellos, hemos de venir a adorar imágenes? Si, en efecto, la materia y Dios fueran lo mismo, dos nombres para una sola cosa, entonces ciertamente, al no considerar dioses a los troncos y piedras, al oro y la plata, seríamos culpables de impiedad. Pero si están a la mayor distancia posible entre sí, tan lejos como el artista de los materiales de su arte, ¿por qué se nos ha de pedir cuentas?”
Atenágoras (177 d.C.) (parcial): “Si, por tanto, el mundo es un instrumento afinado, y se mueve en un tiempo bien medido, adoro al Ser que le dio armonía, y toca sus notas, y canta la melodía concorde, y no al instrumento. Pues en los certámenes musicales los jueces no pasan por alto a los tañedores de laúd para coronar los laúdes.” Súplica en favor de los cristianos, cap. 16, p.136
Melitón de Sardes (170-177/180 d.C.): “Hay, sin embargo, personas que dicen: es en honor de Dios que hacemos la imagen; a fin, es decir, de que podamos adorar al Dios que está oculto a nuestra vista. Pero ignoran que Dios está en todo país, y en todo lugar, y nunca está ausente, y que no hay nada hecho que Él no conozca. Sin embargo tú, hombre despreciable, dentro de quien Él está, y fuera de quien Él está, y sobre quien Él está, has ido no obstante y te has comprado madera del carpintero, y esta es tallada y convertida en una imagen que insulta a Dios. A esto le ofreces sacrificio, y no sabes que el ojo que todo lo ve te ve, y que la palabra de verdad te reprende, y te dice: ¿Cómo puede esculpirse al Dios invisible? Más bien, es la semejanza de ti mismo la que haces y adoras. Porque la madera ha sido esculpida, ¿no tienes la lucidez de percibir que sigue siendo madera, o que la piedra sigue siendo piedra? El oro también lo toma el artesano según su peso en la balanza. Y cuando has hecho de él una imagen, ¿por qué lo pesas? Por tanto, eres amante del oro, y no amante de Dios.” Fragmento 1, p.754
Melitón de Sardes (170-177/180 d.C.), vol. 8, cap. 1, p.753, dice que debemos servir a Dios y no a las imágenes. Lo trata con más detalle en la p.755, diciendo que son despreciables los hombres que adoran imágenes.
Teófilo de Antioquía (168-181/188 d.C.) cita Éxodo 20:3: “Y respecto de la piedad dice: ‘No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy el Señor tu Dios.’” A Autólico, libro 3, cap. 9, p.114
Ireneo de Lyon (182-188 d.C.) (parcial, contra las imágenes de Cristo, pero a favor de los carpocracianos): “Se hacen llamar gnósticos. También poseen imágenes, algunas pintadas y otras formadas de diversos materiales; y sostienen que Pilato hizo una semejanza de Cristo cuando Jesús vivía entre ellos. Coronan estas imágenes y las colocan junto con las imágenes de los filósofos del mundo, es decir, con las imágenes de Pitágoras, Platón, Aristóteles y los demás. Tienen también otros modos de honrar estas imágenes, de la misma manera que los gentiles [paganos].” Contra las herejías, libro 1, cap. 25.6, p.351
Minucio Félix (210 d.C.): “Pero ¿pensáis que ocultamos lo que adoramos, si no tenemos templos ni altares? Y sin embargo, ¿qué imagen de Dios he de hacer, si, bien pensado, el hombre mismo es la imagen de Dios? ¿Qué templo he de construirle, cuando este mundo entero, formado por su obra, no puede contenerlo?” El Octavio de Minucio Félix, cap. 32, p.193
Clemente de Alejandría (193-217/220 d.C.): “Y que nuestros sellos sean una paloma, o un pez, o un barco navegando a favor del viento, o una lira musical, como la que usaba Polícrates, o el ancla de un barco, como la que Seleuco mandó grabar como emblema; y si hubiera uno pescando, recordará al apóstol y a los niños sacados del agua. Pues no debemos delinear los rostros de los ídolos, a los que se nos prohíbe adherirnos; ni una espada, ni un arco, siguiendo como seguimos la paz; ni copas de bebida, siendo templados.” El Pedagogo, libro 3, cap. 11, p.285-286
Clemente de Alejandría (193-217/220 d.C.): “Y si Moisés ordenó a los hombres no hacer una imagen para representar a Dios mediante el arte…” El Pedagogo, libro 3, cap. 2, p.274
Clemente de Alejandría (193-202 d.C.): “Numa, rey de los romanos, era pitagórico y, ayudado por los preceptos de Moisés, prohibió hacer una imagen de Dios en forma humana, o en forma de ser viviente.” Stromata, libro 1, cap. 15, p.316
Clemente de Alejandría (c.195 d.C.): “Pues se nos prohíbe expresamente ejercer un arte engañoso: ‘Porque no harás,’ dice el profeta, ‘semejanza alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra.’” Exhortación a los gentiles, cap. 4, p.189
Orígenes (225-253/254 d.C.) dice que no debe haber imágenes talladas en absoluto, sin calificar esto diciendo que solo se refiere a imágenes de ídolos en lugar del Dios verdadero. Contra Celso, libro 7, cap. 64, p.636
Orígenes (225-253/254 d.C.) (implícito): “Pero si él piensa que su afirmación, de que ‘nunca tuvieron reputación ni consideración alguna,’ queda probada porque los griegos no registraron ningún hecho notable de su historia, responderíamos que si se examina su régimen desde su origen, y la disposición de sus leyes, se hallará que eran hombres que representaban en la tierra la sombra de una vida celestial, y que entre ellos no se reconoce a Dios sino como Aquel que está sobre todas las cosas, y que entre ellos ningún fabricante de imágenes tenía permitido gozar de los derechos de ciudadanía. Pues ni pintor ni escultor existía en su Estado, pues la ley los expulsaba a todos; para que no hubiera pretexto para la elaboración de imágenes, arte que atrae la atención de los necios y que arrastra los ojos del alma desde Dios hacia la tierra. Había, en consecuencia, entre ellos una ley que decía: ‘No transgredas la ley, ni te hagas imagen tallada, semejanza alguna de varón o de mujer; ni semejanza de ninguna de las criaturas que están sobre la tierra, ni semejanza de ave alguna que vuele bajo el cielo, ni semejanza de ninguna cosa que se arrastre sobre la tierra, ni semejanza de ninguno de los peces que están en las aguas debajo de la tierra.’” Contra Celso, libro 4, cap. 31, p.510
Atanasio (318 d.C.): “Pues talláis las figuras con el propósito, según decís, de aprehender a Dios, pero revestís las imágenes mismas con el honor y el título de Dios, colocándoos así en una posición profana.” Contra los gentiles, cap. 21.1, p.15
Lactancio (c.303-320/325 d.C.) (implícito): “¿Qué locura es, entonces, formar aquellos objetos que ellos mismos podrán después temer, o temer las cosas que ellos mismos han formado? Pero, dicen, no tememos las imágenes mismas, sino a aquellos seres a cuya semejanza fueron formadas, y a cuyos nombres están dedicadas. Las teméis sin duda por esto, porque pensáis que están en el cielo; pues si son dioses, no puede ser de otro modo. ¿Por qué, entonces, no elevan sus ojos al cielo, y, invocando sus nombres, ofrecen sacrificios al aire libre? ¿Por qué miran a las paredes, la madera y la piedra, más que al lugar donde creen que ellos están? ¿Qué sentido tienen los templos y altares? ¿Qué, en fin, las imágenes mismas, que son recuerdos de los muertos o de los ausentes? Pues el plan de hacer semejanzas fue inventado por los hombres por esta razón: para poder conservar la memoria de aquellos que habían sido llevados por la muerte o separados por la ausencia. ¿En cuál de estas clases, entonces, habremos de contar a los dioses? Si entre los muertos, ¿quién es tan necio como para adorarlos? Si entre los ausentes, entonces no deben ser adorados, si no ven nuestras acciones ni oyen nuestras oraciones. Pero si los dioses no pueden estar ausentes —pues, siendo divinos, ven y oyen todas las cosas, en cualquier parte del universo que estén—, se sigue que las imágenes son superfluas, ya que los dioses están presentes en todas partes, y basta con invocar con oración los nombres de quienes nos escuchan. Pero si están presentes, no pueden dejar de estar junto a sus propias imágenes. Es enteramente así, como imagina el pueblo, que los espíritus de los muertos vagan por las tumbas y reliquias de sus cuerpos. Pero después de que la deidad ha comenzado a estar cerca, ya no hay más necesidad de su estatua.” Instituciones divinas, libro 2, cap. 2, p.41.
¿Cómo es posible que los primeros cristianos estuvieran todos venerando imágenes, cuando decían estas cosas, y nada positivo se dijo jamás sobre imagen alguna?
Después de Nicea
Epifanio de Salamina (360-403 d.C.) dice que las imágenes (de María o de cualquier otro) para su adoración constituyen un adulterio contra el único y verdadero Dios. (Panarion 3.2:4, citado [en parte] en Examen del Concilio de Trento III, p. 468, y [en parte] por los teólogos de Tubinga en Augsburgo y Constantinopla, p. 141)
Algunas respuestas ortodoxas orientales
Los ortodoxos orientales tienen dos réplicas distintas, que no se contradicen sino que se complementan: una histórica y otra lógica.
Histórica: bajo Roma se encuentran las catacumbas donde los cristianos se escondían y adoraban, y allí hay muchas imágenes de cruces y peces, presumiblemente dibujadas por los primeros cristianos.
“Podéis comenzar por las parábolas, donde tenéis a la oveja perdida buscada de nuevo por el Señor, y llevada de vuelta sobre sus hombros. Que las mismas pinturas de vuestras copas salgan a mostrar si incluso en ellas brillará el sentido figurado de aquella oveja (a través de la apariencia externa, para enseñar) si es un pecador cristiano o pagano el objeto al que apunta en el asunto de la restauración.” Sobre el pudor (= Sobre la pureza, = De Pudicitia), cap. 3, ANF p.80
En efecto, incluso ayudaré a reforzar este argumento ortodoxo oriental. La imagen tallada, es decir, la estatua, de la serpiente de bronce en el desierto, mencionada en Números 21:4-9 y Juan 3:14, es referida positivamente por los siguientes:
Epístola de Bernabé (100-150 d.C.), cap. 12, p.145
Justino Mártir (c.138-165 d.C.), Diálogo con Trifón, cap. 94, p.246
Diatessaron de Taciano (murió en 172 d.C.), sección 32.40, p.93
Tertuliano (198-220 d.C.), Sobre la idolatría, cap. 5, p.63, y Contra Marción (Cinco libros), libro 2, cap. 22, p.314
Cipriano de Cartago (c.246-258 d.C.), Tratados de Cipriano, tratado 12, parte 2, cap. 20, p.524.
Así pues, no solo imágenes de cruces y peces, sino también imágenes humanas fueron creadas por los cristianos preniceanos.
Lógica: muchas de las citas anteriores hablaban en contra de las imágenes talladas, es decir, las estatuas. Si bien los católicos romanos también veneran estatuas, los ortodoxos orientales nunca han venerado estatuas, solo pinturas.
Nuestra respuesta evangélica: ¡estamos completamente de acuerdo! Los primeros cristianos no estaban en contra de las imágenes no idolátricas. Pero no tenían conocimiento alguno de la veneración de imágenes.
Pero lean de nuevo las citas anteriores. Muchas estaban específicamente en contra de las imágenes, y otras agrupan imágenes y estatuas en la misma categoría, lo que indica que, cuando menos, nunca oyeron hablar de venerar imágenes.
Ninguna imagen en forma humana
Esto es lo que sabemos que dijo Metodio (c.270-311/312 d.C.) sobre las imágenes.
“Y aquellos artífices que, para destrucción de los hombres, hacen imágenes en forma humana, sin percibir ni conocer a su propio Hacedor, son reprendidos por la Palabra, que dice, en el Libro de la Sabiduría, un libro lleno de toda virtud, ‘su corazón es ceniza, su esperanza más vil que la tierra, y su vida de menor valor que el barro; por cuanto no conoció a su Hacedor, ni a Aquel que le inspiró un alma activa, y sopló en él un espíritu viviente;’ es decir, Dios, el Hacedor de todos los hombres; por tanto, también, según el apóstol, Él ‘quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad.’” Banquete de las diez vírgenes, discurso 2, cap. 7, p.316. Metodio fue un buen maestro y obispo cristiano preniceano.
Por otro lado, ¿qué hay de esta cita, atribuida presuntamente a Metodio (270-311/312 d.C.)?
“Y quien hable en contra de cualquiera de ellos no queda absuelto como si solo hubiera hablado contra el barro, ni condenado por haber despreciado el oro, sino por haber sido irrespetuoso hacia el Rey y Señor mismo. Las imágenes de los ángeles de Dios, hechas de oro, los principados y potestades, las hacemos en su honor y gloria.” Segundo discurso sobre la resurrección, p.369.
La cita proviene de Juan Damasceno, Oración 2, De Imagin., tomo I, p.389. No hay ninguna otra referencia en la historia antigua al Segundo discurso sobre la resurrección de Metodio. No parece que la persona que hizo la primera cita pueda ser la misma que hizo la segunda.
Dado que Juan Damasceno parece haber inventado la cita de Lucas, entonces pongo esto en duda cuando él es la única fuente. No tenemos otra referencia a esta cita, ni al Segundo discurso sobre la resurrección, salvo la de Juan Damasceno. Además, esta cita solo se refiere a imágenes talladas de ángeles de Dios, no a pinturas de personas. Así que, incluso si esta cita fuera auténtica (aunque creo que es inventada), solo respalda las imágenes talladas de ángeles, no las pinturas de seres humanos. Finalmente, tampoco dice nada sobre venerar estas estatuas de ángeles.
Pero este es el mejor argumento que tienen: Juan Damasceno, él solo, afirmó que un cristiano primitivo (Metodio) honró (no oró ni veneró) estatuas (no imágenes) de ángeles (no de personas).
No orar a otros ni a sus imágenes
“Pero si resulta evidente que estos ritos religiosos son vanos de tantas maneras como he mostrado, es manifiesto que quienes ya sea hacen oraciones a los muertos, o veneran la tierra, o entregan sus almas a espíritus inmundos, no actúan como corresponde a los hombres, y que sufrirán castigo por su impiedad y culpa, quienes, rebelándose contra Dios, Padre del género humano, han emprendido ritos inexpiables y violado toda ley sagrada.” Instituciones divinas, libro 3, cap. 18, p.67
“He mostrado que los ritos religiosos de los dioses son vanos de una triple manera: en primer lugar, porque aquellas imágenes que se adoran son representaciones de hombres muertos; y eso es algo erróneo e incongruente, que la imagen de un hombre sea adorada por la imagen de Dios, pues lo que adora es inferior y más débil que lo que es adorado: además, que es un crimen inexpiable abandonar a los vivos para servir a los recuerdos de los muertos, quienes no pueden dar vida ni luz a nadie, pues ellos mismos carecen de ella: y que no hay otro Dios sino uno solo, a cuyo juicio y poder está sujeta toda alma. En segundo lugar, que las mismas imágenes sagradas, a las que sirven los hombres más insensatos, están desprovistas de toda percepción, pues son tierra. ¿Pero quién no puede comprender que es ilícito que un animal erguido se incline para adorar la tierra? La cual está colocada bajo nuestros pies con este propósito, para ser pisada, y no adorada por nosotros, que hemos sido levantados de ella, y hemos recibido una posición elevada por encima de las demás criaturas vivientes, para que no nos volvamos de nuevo hacia abajo, ni arrojemos este semblante celestial a la tierra, sino que dirijamos nuestros ojos hacia aquel lado al que la condición de su naturaleza ha dirigido, y para que adoremos y sirvamos únicamente a la sola deidad de nuestro único Creador y Padre, quien hizo al hombre de figura erguida, para que sepamos que somos llamados a las cosas altas y celestiales.” Instituciones divinas, libro 3, cap. 18, p.67
De Nicea a Éfeso (325-451 d.C.)
Epifanio de Salamina (360-403 d.C.) dice: “Que los santos sean honrados, y su descanso glorificado. No conviene, sin embargo, honrar a los santos más de lo debido, sino más bien honrar a su Señor. … El honor que los santos mostraron a Dios en su tiempo se ha convertido, para otros que no lo vieron, en verdad transformada en error.” (Panarion, citado en Examen del Concilio de Trento III, p.467)
¿Entonces cómo llegaron a venerarse las imágenes?
¿Cómo cambió la Iglesia primitiva de antes de Nicea I y comenzó a venerar imágenes después de esa época?
Los cristianos preniceanos no estaban en contra de las pinturas; tenían imágenes de cruces y peces. Sin embargo, no hay evidencia de que oraran a ellas.
Antes de 340 d.C.: los ortodoxos orientales han señalado que se mencionan imágenes en la Historia eclesiástica de Eusebio, libro 7, cap. 18, N&PNF, 2ª serie, vol. 1, p.304. Allí se dice que en Cesarea de Filipo se hicieron dos estatuas, una de Jesús y otra de la mujer con flujo de sangre, colocadas una frente a la otra. También hicieron pinturas de Pablo, Pedro y Cristo. Sin embargo, nótese que esto justificaría tanto las estatuas como las imágenes, y nada en Eusebio dice que oraran a las estatuas o imágenes, o por medio de ellas. Es más, Eusebio relató esta historia sin aprobación alguna: al contrario, Eusebio escribió que “los antiguos estaban acostumbrados, según parece, conforme a una costumbre de los gentiles, a rendir este tipo de honor indiscriminadamente a quienes ellos consideraban sus libertadores.”
En 626 d.C., los persas junto con 80,000 ávaros sitiaron a 12,000 soldados en Constantinopla junto con su flota. El patriarca Sergio desfiló con una imagen de la Virgen María, y finalmente los invasores fueron derrotados y Constantinopla se salvó. El mérito de su salvación no se atribuyó a Dios, sino a la imagen de la Virgen María. Poco después se escribió un himno (akáthistos), que aún se canta, dedicado a la Theotokos (María, la portadora de Dios).
Los íconos siguieron siendo predominantes hasta el reinado del emperador bizantino León III (717-741 d.C.), apodado “el iconoclasta”. León prohibió las imágenes, salvo las cruces sencillas. En 754 d.C., Constantino V convocó el Quinto Concilio de Constantinopla para condenar las pinturas de los santos. Pero los ortodoxos orientales no lo reconocen como el verdadero Quinto Concilio, y lo llaman en cambio el Sínodo de Hieria.
787 d.C.: el Concilio de Nicea II declaró buena la veneración de imágenes y condenó al Concilio de Constantinopla V. “sino venid aquí a ayudarnos en la confirmación y establecimiento de la antigua tradición de las imágenes venerables.” Sacra divina del Segundo Concilio de Nicea, 787 d.C., p.529
814-842 d.C.: fue un segundo periodo de iconoclasia bajo León V dentro de la Iglesia ortodoxa oriental. La emperatriz Teodora restauró los íconos en 842 d.C. Los ortodoxos orientales celebran esto como la Fiesta de la Ortodoxia.
Adoremos como lo hizo Atanasio
Juan Damasceno fue un influyente teólogo y defensor de los íconos. Cuando defendió las imágenes, no conocía ninguna cita de Atanasio a favor de venerar imágenes. Ciertamente habría usado los escritos de Atanasio en apoyo de la veneración de imágenes, si hubiera conocido algún escrito de Atanasio en ese sentido.
Atanasio no dijo nada positivo sobre las imágenes de Dios o de las personas. Pero esto es lo que sí dijo.
“Pues talláis las figuras con el propósito, según decís, de aprehender a Dios, pero revestís las imágenes mismas con el honor y el título de Dios, colocándoos así en una posición profana.” Contra los gentiles (318 d.C.), cap. 21.1, p.15
Atanasio dijo que no había que representar a la Deidad en forma humana o animal.
“Y en general, si conciben que la Deidad es corpórea, de modo que le atribuyen y representan vientre, manos, pies, así como cuello, pechos y los demás órganos que constituyen al hombre, vean a qué impiedad e irreverencia ha llegado su mente, al tener tales ideas de la Deidad. … Pero estas y semejantes cosas no son propiedades de Dios, sino más bien de los cuerpos terrenales.” Contra los gentiles (318 d.C.), cap. 22, p.15-16.
Atanasio es más bien singular, ya que católicos romanos, ortodoxos orientales, coptos, nestorianos y muchos evangélicos lo tienen en gran estima. Atanasio no veneraba imágenes en el culto; después de todo, estaba en contra de las imágenes de la Deidad en forma humana o animal. Ahora bien, una persona ortodoxa oriental podría decir que Atanasio no habló específicamente en contra de los santos, solo de la Deidad. Sin embargo, dado que los ortodoxos orientales creen en la “teosis”, es decir, que los seres humanos llegan a formar parte de la Deidad, entonces seguirían adorando a la Deidad en forma humana.
Adoremos, pues, como lo hizo Atanasio: sin venerar imágenes.
Referencias
Roberts, Alexander, y James Donaldson (editores). Ante-Nicene Fathers. Vols. 1-9 + 10 (Índice anotado). Hendrickson Publishers, 1886, 1994.
Robertson, Archibald. The Nicene and Post-Nicene Fathers, 2ª serie, vol. 4. Wm. B. Eerdmans Publishing Company, reimpreso en 1998.
Por Steven M. Morrison, PhD.